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"La cultura de lo desechable"

Foto del escritor: Jorge Meneses
Jorge Meneses
14 sept 2021
3 min de lectura

¿Cuánta basura generan diariamente en sus hogares? ¿Han hecho el experimento de medirlo? O más allá todavía, miren a su alrededor, y observen cuántos artículos que tienen a su lado son desechables.

¿Cuál es la razón de esto? Creo que la respuesta es sencilla. Es mucho más fácil y cómodo usar y tirar a la basura que reutilizar. Sin embargo, es cómodo para nosotros, pero no para el planeta.

La "cultura de lo desechable" nació a comienzos del s. XX, con un invento revolucionario, pero a la vez, extremadamente contaminante: el plástico. Lo vemos a diario, en bolsas, botellas, bombillas, envases, tecnología, juguetes, artículos para el hogar, y una interminable lista de productos. Prácticamente no hay producto en la actualidad que no tenga algo de plástico en su composición. ¿Por qué? Se debe a las características únicas e inigualables del plástico: es estable, durable, inocuo, no se rompe, y por sobre todas las cosas, es barato.

¿Por qué el plástico es tan contaminante? En cada etapa de su ciclo de vida, el plástico genera emisiones de gases de efecto invernadero (principal causante del calentamiento global), desde su nacimiento, como combustibles fósiles, hasta su refinación y fabricación.

Una vez que el plástico finaliza su vida útil, solo tiene 3 destinos posibles: almacenados en vertederos, vertidos directamente al medioambiente, o en el mejor de los casos, reciclado. Los acumulados en vertederos tardarán siglos en degradarse, y durante este periodo, emitirán metano y etileno. Sí, nuevamente gases de efecto invernadero.

Otro problema, es que esta degradación no es del todo absoluta. En su descomposición, gran parte del plástico se desagrega en pequeñas partículas denominadas "microplásticos", de un tamaño que no supera los 5 milímetros, casi invisibles al ojo humano. Estas partículas son recogidas por el viento, quedando algunas de ellas suspendidas en el ambiente, y el resto en los océanos. En definitiva, todo el aire que respiramos, así como el agua que bebemos, tiene algo de microplásticos en su interior.

Sin embargo, el plástico no es el verdadero problema, sino, el uso que le damos: la cultura de lo desechable. La gran mayoría del plástico NO es reciclable, y si así fuera, son muy pocos los países que tienen realmente integrada una política y cultura de reciclaje.

Cuando B_Glass nació, se vio enfrentada a esta gran muralla cultural. Parecía no haber forma de competir contra estos productos. Una bombilla desechable no hay que lavarla, no hay que cuidarla, nadie se preocupa si se pierde o se la roban, siempre se puede reemplazar con otra, y los bares y restaurants han hecho eco de esta costumbre, repartiendo gratuitamente y a destajo estos artículos, la gran mayoría de las veces de forma innecesaria.

En el último tiempo, la presión, política y social, ha obligado a este sector del comercio a explorar nuevas alternativas. Una de estas, quizás la favorita, ha sido la bombilla de papel: una falsa solución. El papel siempre ha sido considerado un material sostenible, sin embargo, detrás de su producción también se esconde una cruda realidad. Los bosques juegan un papel único en el ecosistema: sustentan una gran variedad de biodiversidad, eliminan y almacenan el carbono, proporcionan sustento y un medio de vida a los pueblos indígenas, y además, llevan a cabo una gran variedad de servicios ecológicos que sustentan la vida.

Por otro lado, la bombilla de papel tiene una calidad menor que la bombilla de plástico, lo cual implica que una mayor cantidad de ellas terminarán en la basura.

¿Cuál es la solución? Sólo hay una respuesta: Reutilizar! Es aquí donde B_Glass se posiciona como una alternativa real a la "cultura de lo desechable". Esto porque, cada bombilla es hecha de vidrio, uno de los materiales más nobles con la naturaleza. Su nobleza no radica en su producción, ya que, el vidrio, como toda materia prima, también deja una huella medioambiental importante. Los beneficios, por el contrario, los encontramos en las características propias y únicas del vidrio una vez que termina su vida útil. El vidrio es infinitamente reciclable y reutilizable, y si, por desafortunadas circunstancias termina en la basura o en algún vertedero, no se descompone ni se desintegra en partículas que pudieran dañar el aire, la tierra o los océanos.

Por eso, el mensaje que queremos transmitirte es que reutilices. Es la única manera de erradicar definitivamente la "cultura de lo desechable".


 
 
 

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